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2006 Volumen 6 Edición Especial Para las Fiestas
FAMI L IAS
Ahora y para
Siempre
Departamento de Servicios para Niños y Familias©
ILLINOIS
Familias de Crianza, Adoptivas y Tutoras®
Bryan Samuels
De parte
del
Director
del DCFS
El mes de noviembre nos brinda
una oportunidad especial para
expresar nuestro agradecimiento.
También es el Mes de la
Valoración de la Adopción en
Illinois y en toda la nación. Por lo
tanto, doy las gracias a todas las
familias que han sido creadas o
ampliadas a través de la adopción.
Agradezco y valoro el
compromiso que han adquirido
para compartir su vida con niños
y jóvenes.
El sistema de asistencia de
menores de Illinois colaboró con
los padres para llegar a conseguir
1.670 adopciones durante el año
fiscal 2006, que terminó en junio.
En la actualidad hay más niños de
Illinois en hogares de adopción y
tutela que en hogares de crianza.
Esto representa una buena noticia
para el Estado y mejores noticias
para los menores que ahora están
siendo criados por familias
estables en un entorno afectivo y
educativo.
Aprovecho este periodo de fiestas
para desear de corazón felicidad
y buena suerte para todas las
familias de crianza, adopción y
tutela que tenemos el privilegio de
asistir. Sepan, por favor, que
tanto el DCFS como todas nuestras
agencias asociadas han asumido
el compromiso de hacer todo lo
que esté en su mano para ayudarle
en la tarea de asistir a niños y
jóvenes.
Continúa en la página 2
Muchos padres de crianza oirán en
algún momento a algún pariente
político, a un profesor o a un extraño
en la tienda de ultramarinos
murmurar: Lo que este niño necesita
realmente es (insertar su método
preferido de disciplina.) En la mayoría
de los casos, su infundada recomend-ación
no es la más adecuada para el
menor. También está en contra de un
conjunto de investigaciones que
vincula algunos comportamientos,
circunstancias y transtornos con el
abuso o negligencia que hizo necesario
que el menor recibiera asistencia. El
trauma causado por el maltrato o la
negligencia afecta al desarrollo físico,
psicológico, emocional y cognitivo del
menor. Ese trauma puede mani-festarse
en acciones que incluso pueden
ser difíciles de tolerar para un cuidador,
y aún más complicadas de comprender
y manejar. El DCFS está observando
más de cerca los traumas y
desarrollando actividades formativas y
prácticas de trabajo social destinadas a
saber cómo abordar los traumas de los
menores cuando sea necesario.
El periodo transcurrido desde el
nacimiento hasta los tres años de edad
es el más importante de cara a construir
una base sólida para el crecimiento
físico y emocional. El cerebro comienza
entonces su cableado básico para el
futuro aprendizaje. La conexión o el
vínculo con la madre normalmente es
contemplado en un sentido emocional,
con imágenes de tarjetas con madres
lmeciendo a niños con cara de ángel.
Ese simple acto de sostener al niño en
Comprendiendo los traumas: Una mala
conducta puede ser una conducta cerebral
realidad dispara una actividad
cerebral mensurable médicamente.
La estimulación neurológica envía
señales al lóbulo frontal del cerebro,
que actúa como un guardia de tráfico
en funciones como el control de los
impulsos y la autorregulación. Los
circuitos allí construidos afectan a
cómo las partes más bajas del cerebro
reaccionan y ponen en marcha
actividades como el latido del corazón
y las correspondientes al sistema
nervioso.
Cuando las rutas cerebrales no están
correctamente formadas, esos
controles pueden acarrear lo que
percibimos como problemas del
comportamiento. Los niños pueden
ser incapaces de permanecer quietos,
asustarse fácilmente, no confiar en
los adultos, no entablar relaciones
con niños de su edad... y un largo
etcétera. Una madre que se droga
durante el embarazo, un historial
familiar que incluye enfermedades
mentales o un peso natal reducido
debido a un parto prematuro son
sólo unos cuantos de los numerosos
factores que incrementan la
posibilidad de un desarrollo cerebral
inadecuado. Estas circunstancias
también aumentan la
vulnerabilidad del menor ante los
problemas de maltrato y negligencia
y, por lo tanto, la probabilidad de la
aparición de un trauma. En otras
palabras, los niños de crianza a
menudo tienen la suerte en su
contra.
